Miguel Ángel Santos* – Cubainformación.
Nada más cruzar la popular Plaza de Marte y enfilar la calle Aguilera, en la ciudad de Santiago de Cuba, mi mirada se dirige siempre, casi instintivamente, hacia dos placas situadas en la pared de uno de sus edificios.
Más allá de lo que consta en la inscripción, desconocía realmente quiénes eran, cuáles eran sus aspiraciones, qué familia tenían o qué relación les unía; pero sí que se trataba de dos víctimas de un criminal acto terrorista en el que, junto a ellas, fueron asesinadas un total de 73 personas; la mayoría de nacionalidad cubana, pero también algunas otras de nacionalidad guyanesa y coreana.
Hoy, al escribir estas notas, he podido conocer que las placas corresponden al por entonces jefe de la misión de Cubana de Aviación y a su esposa, ambos militantes revolucionarios desde los tiempos de la dictadura batistiana.
En breve se cumplirán 50 años del conocido como Crimen de Barbados, en el que los terroristas Orlando Bosch y Posada Carriles, como autores intelectuales del atentado, junto a otros connotados terroristas de origen cubano residentes en la Florida y de dos mercenarios venezolanos reconocidos como los autores materiales, avalados por la CIA y amparados por el Gobierno de los EEUU, colocaron dos artefactos explosivos en el avión de Cubana de Aviación que hacía el trayecto Barbados a La Habana.

Pasados los años y despreocupados ya de posibles repercusiones judiciales, no fueron pocas las veces que los terroristas Bosch y Posada Carriles alardearon del vil acto terrorista. Ambos fallecieron tranquilamente en EEUU sin que las autoridades y la justicia de ese país llegaran seriamente a molestarlos. El primero de ellos quedó absuelto tras detectarse en el juicio presuntos defectos técnicos y administrativos y fugarse de la cárcel el segundo, tras pasar ocho años en la misma mientras esperaba sentencia firme. La complicidad del Imperio siempre fue evidente, como lo ha sido en un sinfín de acciones terroristas contra Cuba desde el triunfo de la Revolución, ejecutadas directamente o por personas interpuestas.
Coincide el 50 aniversario de tales hechos con la vigencia de la decisión del Gobierno de EEUU de incluir a Cuba en una infame lista de países supuestamente patrocinadores del terrorismo. Una decisión adoptada por Donald Trump durante su primer mandato, que Joe Biden mantuvo hasta los últimos días de su estancia en la Casa Blanca, metiendo la cabeza bajo el ala, como si de un avestruz se tratara. El regreso de Trump en su segundo mandato conllevó de nuevo la incorporación de Cuba a la infame lista, extremando así su estrategia genocida de asfixia al pueblo cubano.
Las consecuencias son sobradamente conocidas, pero es la mirada a la Historia la que pone de manifiesto, negro sobre blanco, el cinismo del Imperio. Resulta grotesco, un verdadero insulto a la inteligencia, sostener una acusación de tal calibre; es Cuba la agredida, la que lleva décadas sufriendo las agresiones terroristas y EEUU el agresor. Solo los fanáticos y los llenos de odio pueden negarlo, a modo de los especímenes que afirman que la Tierra es plana o niegan el Cambio Climático.
Una mirada que me lleva a la convicción de que el problema no es que un loco se encuentre en la Casa Blanca, una afirmación que considero sumamente superficial, sino de un país cuyo ADN está impregnado de ansias de poder, destrucción, sangre y muerte. Y si de un loco se tratara, que lo dudo, no dejaría de ser un fiel reflejo de una sociedad en buena parte ofuscada y desorientada -que sufre ya los efectos de la decadencia del Imperio- capaz de depositar su confianza electoral en un individuo de semejante catadura.
Esa y no otra es la trayectoria de EEUU, sean sus presidentes republicanos o demócratas, unos con tintes más sanguinarios que otros, pero todos formando un engranaje en el que llegado el momento no dudan en hacer todo lo que tienen que hacer para mantener el dominio sobre el resto del planeta. Ciertamente hay caras más amables que otras -la de Trump es desde luego abominable-, pero la esencia es básicamente la misma. No puede existir confusión en eso, so pena de seguir dando oxígeno a un monstruo en decadencia que sabemos quiere morir matando.
Cuba siempre estuvo entre sus principales obsesiones; mucho más desde el triunfo de la Revolución, y por eso padece en carne propia arremetidas como las que estamos presenciando, haciendo sufrir a un pueblo pacífico que llegado el caso se defenderá con uñas y dientes, y que tengan la certeza jamás se rendirá. Si alguien lo duda que eche una mirada a la Historia.
* Miguel Ángel Santos fue Secretario General de FACUA (1982-2007) y Secretario de Relaciones Institucionales de CCOO de Sevilla (2008-2017). Actualmente reside en Santiago de Cuba y es socio de la Sociedad Cultural Cubano Andaluza ‘José Martí’.
