Llamarse Marxlenin y haber nacido un 26 de julio parece una declaración de principios en sí misma. Pero más allá del simbolismo, la presentadora del programa televisivo ‘Cuadrando la caja’ es una de las voces más lúcidas de la Cuba actual. En esta entrevista exclusiva, la comunicadora y profesora universitaria analiza con crudeza y optimismo la realidad de la isla y reflexiona sobre un pueblo digno al que ni el bloqueo naval ni la asfixia económica han logrado apagar su capacidad de resistencia y reinvención. Desde el uso de triciclos eléctricos hasta la batalla contra los algoritmos del odio, Marxlenin Pérez defiende un socialismo con pensamiento crítico que se construye, día a día, con creatividad y en diálogo directo con las aspiraciones de la juventud cubana.
Alejandro Massia / SCCA José Martí
La actualidad manda. Cuba enfrenta hoy un asedio brutal por parte de EE.UU. que dura más de 60 años y que, por si fuera poco, se ha recrudecido con un bloqueo naval petrolero. ¿Cómo está afectando ya esta escalada criminal al día a día de las familias cubanas?
Te mentiría si obvio que estamos mal en muchos sentidos y en muchas dimensiones que se palpan en la vida cotidiana del país, pero también sería injusto ponerlo como el peor de los escenarios. Hay que decir que Cuba ya ha estado ahí antes. Si bien el bloqueo se ha recrudecido cada vez más, también es verdad que durante estos años de Revolución hemos pasado otras situaciones críticas similares, como la invasión de Playa Girón, la Crisis de los Misiles o el Periodo especial de los años 90.
Asistimos, por tanto, a una vuelta a la política de cañoneras en esta segunda temporada del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, quien se ha empecinado en asfixiar, no al Gobierno de la isla -por mucho que así lo repitan en sus eslóganes–, sino al pueblo cubano, que es el que sufre realmente las consecuencias de esta estrategia.
¿Y cómo está reaccionando ese pueblo cubano, y el Gobierno de la isla, a esta nueva ofensiva imperial? Pareciera que, lejos de rendirse o de caer en el desánimo, el país trata de sobreponerse y de reinventarse con bastante entereza…
Así es. Quien nos conozca, sabe de la madera de la que estamos hechos los cubanos. La necesidad nos ha llevado a reinventarnos constantemente y ahora nuevamente nos toca reorganizar la vida laboral, estudiantil y de todos los espacios cotidianos. Hay actividades que se han suspendido y otras, en cambio, tienen más capacidad de resistencia a las limitaciones materiales. Algunas universidades han decidido detener las clases presenciales por un tiempo, mientras que las escuelas de primaria y secundaria siguen funcionando, si bien con adaptaciones, como la eliminación de la merienda o el almuerzo.
«Frente a la política de cañoneras de EE.UU., Cuba responde con resistencia creativa»
En esta capacidad de reinventarnos y de reorganizarnos se están tomando medidas que ponen la atención en las fuentes de energía renovables. Y yo creo que eso es el punto neurálgico donde se ve un mayor dinamismo en la toma de decisiones a nivel gubernamental y en la apropiación que esas medidas están teniendo por parte del pueblo.

Ahora mismo, por ejemplo, nos salvan la vida triciclos eléctricos, vehículos que no tienen demasiada capacidad y no pueden realizar largos recorridos, pero que dentro de las ciudades funcionan muy bien y, en cierta manera, están suponiendo un respiro para la circulación. Igualmente, en la capital se está tratando de reforzar el sector de la salud a través de una serie de microbuses, algunos de combustión y otros eléctricos, que no sólo transportan a los médicos y enfermeros a sus centros de trabajo, sino que prestan servicio también al resto de la población y a los pacientes que entran y salen de los hospitales.
Todavía no se puede notar que haya una mejoría de esas condiciones materiales que se han visto seriamente afectadas por este recrudecimiento del bloqueo, pero se toman medidas y se reorganiza la vida. No nos hemos quedado parados. Hay creatividad en función de ver cómo, una vez más, salimos de circunstancias críticas.
Lo cierto es que a pesar de los apagones, las carencias y este incremento de la presión externa, Cuba sigue en pie. ¿Dónde reside hoy la mayor fuerza moral del pueblo cubano para continuar apostando por un camino propio y soberano?
El arsenal de la fuerza moral del pueblo cubano es gigantesco y bien vasto, pero yo destacaría, por encima de todo, un espíritu antimperialista que está en el ADN de los cubanos y que viene de la tradición de las luchas por la independencia. Un sentimiento de determinación muy importante que tiene que ver con la necesidad de conservar la soberanía de nuestro país y que, a su vez, nos lleva a la necesidad de preservar la Revolución. Yo creo que ahí hay un manantial inagotable de recursos, muchos de ellos espirituales, para resistir, para sobreponernos y para entender qué es lo verdaderamente importante en medio de tantas carencias materiales.
Ante este escenario de brutal agresión económica a Cuba, el presidente, Miguel Díaz Canel, insiste mucho en la idea de que no sólo basta con resistir, sino que hay hacerlo con creatividad. ¿Es el programa ‘Cuadrando la caja’, que usted presenta y conduce, un ejemplo claro de esa “resistencia creativa”?
‘Cuadrando la caja’, que va a cumplir ahora cuatro años, nace precisamente con el propósito de inculcar una mayor cultura económica en el pueblo a través del debate y del análisis. La Revolución se dedicó inicialmente a alfabetizar a la población y, después, a elevar su formación política e ideológica en sentido general, pero notábamos que había una cierta brecha en materia económica. Por eso, la primera parte del programa tiene siempre un tono más didáctico con el que buscamos crear un nivel teórico y conceptual del tema y ya, a partir de esa base, empezar a polemizar.
«El arsenal de la fuerza moral del pueblo cubano es gigantesco. Tenemos un manantial inagotable de recursos para resistir y sobreponernos»
Debo reconocer que no siempre logramos un debate encendido, pero los programas en que lo conseguimos suelen ser los más queridos y mejor recibidos por parte del auditorio. Y sí, pudiéramos decir que ‘Cuadrando la caja’ es resultado de ese impulso y de esa voluntad política de llevar el debate a la televisión y de hacerlo de manera creativa.
Frente a esa imagen de una Cuba monocolor o uniforme que tratan de vendernos constantemente, su programa pone sobre la mesa debates intensos, a veces incluso tensos, entre académicos, empresarios y responsables públicos. ¿Es ese debate crítico la mejor vacuna contra el inmovilismo y el mejor estímulo para fortalecer el proyecto socialista cubano?
Sin duda, el pensamiento crítico tiene que ir de la mano de una revolución socialista y fíjate que, como te decía, no siempre logramos ser todo lo críticos que deberíamos ser. Eso es una debilidad de nuestros medios de comunicación sobre la cual se trabaja constantemente en Cuba, pero siempre hay determinadas resistencias. En ‘Cuadrando la caja’ tenemos ese reto, aunque no siempre logramos integrar en un mismo panel a personas con esa capacidad y con ese espíritu de decir lo que sea en la televisión, ya que puede resultar conflictivo.
He de reconocer, además, que a veces hemos pagado el precio de ser espontáneos en la televisión. Pero es un precio que estamos dispuestos a seguir pagando, siempre y cuando sea en función de eso: del pensamiento crítico y de elevar el análisis desde una perspectiva de la economía política, tratando de no ser economicistas y de mantener una mirada integral de los procesos económicos en toda su interrelación con los social, lo político, lo cultural o lo antropológico.
Sabemos que ‘Cuadrando la caja’ tiene mucha repercusión en redes sociales y también en la calle. ¿Ha sentido que alguna de las críticas o propuestas lanzadas en su programa se hayan podido traducir luego en algún cambio de política o de mejora para el país?
(Risas) Sería muy pretencioso por mi parte realizar una afirmación de ese tipo, pero sí te puedo decir que hemos acompañado el debate popular y que, cuando hemos abordado temas que estaban en consonancia con lo que se discute en la calle, hemos conseguido programas muy exitosos y con mayor audiencia.
«El pensamiento crítico tiene que ir de la mano de una revolución socialista, es la mejor vacuna contra el inmovilismo»
Eso es algo que hemos podido comprobar cuando hemos puesto el dedo en la llaga en cuestiones que están sobre la mesa y que afectan a la vida de los cubanos como, por ejemplo, las medidas de dolarización parcial de la economía, el mercado cambiario o la producción de alimentos. Ya si eso luego tiene o no repercusión a otro niveles, no me corresponde a mí señalarlo… Pero la idea de ‘Cuadrando la caja’ es esa: no distanciarnos de lo que se debate en la calle, no darle la espalda a esa conversación social, sino acompañarla desde el análisis y desde el debate.

Marxlenin, como profesora universitaria y como comunicadora que intenta ‘cuadrar la caja’ cada semana, usted conoce de primera mano el talento que hay en el país y las inquietudes y demandas del pueblo. En una Cuba tan asediada, donde el bloqueo golpea directamente las aspiraciones materiales, ¿cómo puede la juventud desarrollar sus sueños y proyectos de vida dentro de la isla actualmente?
Esa es una pregunta muy difícil de responder porque, para empezar, no se puede hablar de la juventud como algo monolítico. Hoy hay una gran heterogeneidad en las aspiraciones, necesidades y gustos de los jóvenes cubanos, como ocurre en todo el mundo. En ese sentido, nuestro país no está exento de los peligros de las redes sociales virtuales y de los “atractivos” que aparecen en esa comunicación digital que, como sabemos, responde a los intereses de los grandes monopolios de la comunicación y la información y tienen de fondo toda una agenda capitalista, imperialista y enajenante.
Todo eso llega a Cuba como un bombardeo a nuestros jóvenes. Frente a ello, la medicina mejor sería la de fortalecer nuestro sistema de educación, fortalecer a la familia, como la célula fundamental de nuestra sociedad, y fortalecer también al tejido social y a las organizaciones del país para que en la comunidad, en el barrio y en la cuadra pueda también haber un respaldo al trabajo que se hace en la escuela y en la casa.
El desafío que tenemos por delante es el de blindar a la Revolución en sus conquistas sociales, protegiéndolas y renovándolas constantemente. Algo que es muy complicado de lograr al encontrarnos bloqueados por todos lados, lo cual nos impide desarrollarnos y alcanzar una cierta comodidad en las condiciones materiales de vida de nuestro pueblo. Y esta realidad hace todavía más difícil la posibilidad de que nuestros jóvenes puedan encontrar y realizar sus proyectos de vida dentro de la Revolución.
Estamos, por tanto, ante un gran reto de construcción cotidiana aunque, como ya te digo, está muy difícil porque nos atan de pies y manos y encima nos piden que nos desarrollemos y que podamos brindarles a todo nuestro pueblo, y a nuestros jóvenes en particular, las oportunidades que necesitan y que merecen. Pero hay que lograrlo y yo creo que el Gobierno tiene voluntad política y pone su mirada en los jóvenes.
«Nos atan de pies y manos y encima nos piden que nos desarrollemos y que brindemos a nuestro pueblo las oportunidades que necesita y merece»
Es más, te diría que soy optimista. Por ejemplo, tras los bombardeos de EEUU en Venezuela y el secuestro de Nicolás Maduro y Cilia Flores, el pasado 3 de enero, fueron los jóvenes cubanos, o una parte de ellos -para no ser absoluta-, quienes primero se movilizaron en las redes sociales virtuales para exigirle a la sociedad civil cubana y al Gobierno que se organizaran y manifestaran en la tribuna antimperialista.
Es decir, no todo está perdido. Es verdad que hay muchos -o algunos- jóvenes que ven su proyecto de vida fuera de la isla y que son conquistados por esas “lucecitas montadas para escena” de las redes sociales virtuales, algo totalmente legítimo porque el bombardeo es demasiado y porque las condiciones son complejas en Cuba.
Pero también hay una gran mayoría de jóvenes patriotas e identificados con el proyecto de justicia social que significa la Revolución. Y eso no sólo lo podemos ver y palpar en las redes sociales, sino también en los distintos espacios de la vida cotidiana: en la Universidad, entre los trabajadores sociales, en los diferentes oficios…
Su compromiso con las nuevas generaciones, ha quedado plasmado en su libro ‘Socialismo cubano: Revolución, Marxismo y Comunicación’. Una obra que nace del diálogo vivo con sus alumnos de la Universidad. ¿Qué claves nos ofrece este trabajo para entender la Cuba de hoy, para perfeccionar el socialismo cubano y, en definitiva, para fortalecer la Revolución en estos tiempos tan complicados?
Has dado en el clavo. En efecto, el libro nace de un diálogo con mis alumnos de la Universidad de La Habana, donde yo daba clases de marxismo. Aquello era una guerra sin cuartel (risas). ¡Imagínate lo que supone llegar con la teoría marxista a un aula cubana de estos tiempos! Y es que los estudiantes son los mejores críticos para contrastar lo que dijo Marx en su día con lo que están viendo en nuestra realidad, algo que ya de por sí te lleva a desarrollarte, a superarte y a aterrizar a nuestra cotidianidad.
Ese diálogo con los estudiantes fue el punto de partida del libro, pero luego empiezo a colaborar con Cubadebate como columnista y me doy cuenta de lo difícil que es para un profesor de la Universidad no escribir académicamente. A partir de ahí me propongo pasar de un tipo de lenguaje muy rígido y encartonado a otro que me permita llegar a un lector mucho más amplio. Un proceso de deconstrucción complicado, pero que agradezco mucho porque me permitió comprender que, si bien es necesario pensar sobre el sujeto de la Revolución, es más importante entenderlo, escribirle y comunicarse con él.
«Hay una gran mayoría de jóvenes patriotas e identificados con el proyecto de justicia social que significa la Revolución»
Me estoy refiriendo, en definitiva al pueblo, a ese protagonista anónimo que todos los días sale a la calle a fajarse con el transporte, que no hay, o que va a la bodega a ver que le dan, o que lleva a los niños a la escuela, aun cuando no pudo planchar ese día el uniforme porque hubo largas horas de apagón.
Yo creo que ese es uno de los campos de batalla en los que los intelectuales, escritores y académicos podemos aportar, no sólo entendiendo los procesos complejos sociales que existen en el socialismo, con todas sus contradicciones, sino traduciéndolos a un lector mucho más amplio que se salga de los muros de las universidades. Y a ese objetivo, desde mi modesta posición de ciudadana cubana, traté de contribuir con el libro, haciéndolo desde pensamiento crítico y con las herramientas que el marxismo nos brinda.

Otro de los temas sobre los que reflexiona en el libro es el de la comunicación. ¿Cómo puede Cuba, y el movimiento de solidaridad con la isla, dar la batalla mediática en un contexto digital tan adverso, dominado por las intoxicaciones, los bulos, las manipulaciones y por un algoritmo que, para colmo, parece diseñado para silenciar las causas emancipadoras en las redes sociales?
Es una pelea que hemos de dar todos los días, constantemente, no nos podemos cansar. A mí me parece que esto tiene que ser una batalla multiplicadora, donde tú conversas con tu familia y a la vez con tus amigos y esos amigos con otros amigos, etcétera. Como mismo funcionan las redes sociales, con la teoría de los seis grados, donde yo conozco a seis personas que conocen a otras seis personas y así se va reproduciendo el mensaje.
Si nosotros interiorizamos que podemos multiplicar la verdad y que somos capaces de hacerlo, sobre todo desde el optimismo de la voluntad, podemos lograrlo; eso sí, sin perder de vista que todo está estructurado para que nos aplasten esos grandes monopolios de la comunicación que están al servicio, por supuesto, del imperialismo y de un sólo tipo de desarrollo social que es el de la extinción de la raza humana.
«No nos podemos cansar. Hay que multiplicar la verdad. El algoritmo está diseñado para que nos callemos»
Y ustedes como amigos solidarios de Cuba, como hermanos de lucha del pueblo cubano y de otras causas justas por el mundo, tienen un papel fundamental. Yo creo que la clave pasa por ahí, por reproducir las verdades de Cuba y por no cansarnos, a pesar de que todo está diseñado para que nos agotemos, para que nos volvamos pesimistas y así perdamos la batalla.
Hay que insistir en esa idea de multiplicar y reproducir, todas las veces que podamos, nuestras verdades sobre Cuba en las redes virtuales y usar esas herramientas que, aunque puedan parecer democratizadoras, sabemos que no lo son porque el algoritmo está diseñado para que no lo sean. Pero aun así las podemos usar todos los días para replicar nuestra voz que, en algún momento, tendrá que ser escuchada como queremos.
Sostener un discurso digno y soberano sobre Cuba en estos tiempos, ya sea tanto dentro como fuera de la isla, puede conllevar un costo. Y si no que se lo pregunten, por ejemplo, al cantante de Buena Fe, Israel Rojas, a los compañeros de ‘Con Filo’ o a usted misma, que también ha sido víctima, en alguna ocasión, de campañas de linchamiento y odio en redes por parte de la contrarrevolución. ¿Cómo se gestiona emocional y políticamente ese acoso que busca silenciar voces tan necesarias?
Exacto. Son campañas que tratan de desprestigiar a los compañeros que nos dedicamos a la guerra comunicacional y que nos hemos dado, incluso nosotros mismos, la misión de defender a Cuba en esa dimensión.
La respuesta a tu pregunta depende mucho de la personalidad de cada cual, pero yo creo que el elemento común que nos une a las personas que has mencionado, y a las que habría que agregar otros muchos más nombres, es la convicción de que estamos haciendo lo correcto, de que nos encontramos en el lado justo de la Historia. Y eso te da una tranquilidad que te permite superponerte a todos esos discursos de odio, linchamientos, asesinatos de reputación y artimañas que sacan lo peor del ser humano.
Sabemos que lo que defendemos no es la causa de una élite, ni la del imperialismo que nos quiere mal, sino que es la causa de la Revolución, del pueblo cubano y de Fidel. Esa es la mayor tranquilidad que podemos tener para sobreponernos a esos momentos difíciles en los que se ataca nuestra vida personal, o incluso nuestro aspecto o condiciones físicas, para desprestigiarnos y para desvirtuar, con esos estereotipos que construyen, lo que realmente somos y decimos.
Desde luego, se necesita mucha entereza, aunque imaginamos que, en su caso, llamándose Marxlenin, ¡el ADN de la resistencia ya lo traía de fábrica!
(Risas) ¡Claro! Con el carné de identidad ya venía incorporado. Y además déjame decirte que nací el 26 de Julio. Así que sí, estaba predestinada a resistir.
Ya para terminar, y hablando de apoyos reales, usted sabe que en esta tierra, en Andalucía, existe un sentimiento histórico de hermandad con Cuba que ni los algoritmos ni los bloqueos han podido borrar. ¿Qué mensaje le mandaría a esos hombres y mujeres andaluces que siguen con el pie en el estribo y continúan apoyando, contra viento y marea, a Cuba, a su pueblo y a su Revolución?
Bueno, a esos compañeros, a esos hermanos, lo primero que hay que transmitirles es el agradecimiento y el respeto. Porque, el hecho de que estén al lado del pueblo cubano, a pesar de todas las condiciones de hostilidad que encuentran en el día a día, en forma de frenos, trabas, rechazo o incomprensión, merece toda nuestra gratitud y nuestro abrazo.
Gracias por prestarse a la causa de los justos y humildes y decirles que no se den por vencidos, que no cejen en ese empeño de defender la verdad porque la Revolución y el pueblo cubano están firmes. Y desde esa firmeza que tenemos, de no ser nunca más una colonia de nadie, y mucho menos el imperialismo estadounidense, estamos con la misma determinación de siempre y necesitamos a los pueblos hermanos como el vuestro.
Pues cuenten con nosotros. Muchas gracias, Marxlenin, por ayudarnos a comprender la complejidad de la Cuba de hoy con tanta claridad y con tanta honestidad. Difundir esta realidad es nuestra forma de romper el bloqueo mediático que sufre la isla. Seguiremos acompañando al pueblo cubano en su resistencia y en su derecho a construir su propio futuro. ¡Hasta la victoria siempre!
¡Hasta la victoria siempre!


