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Hassan Pérez: “Cuba es hoy una Gaza silenciosa; quedarse de brazos cruzados ante este crimen significa ser cómplice”

Publicado el 7 de octubre de 2026

Alejandro Massia / SCCA José Martí. Conversamos en profundidad con el historiador y docente universitario Hassan Pérez. A propósito de la reciente publicación de su libro ‘Desbrozando Caminos. Fidel y la Conquista del Tiempo’, el intelectual cubano analiza en esta entrevista los desafíos más urgentes que atraviesa la Isla: desde el drama humano provocado por el recrudecimiento del bloqueo estadounidense, hasta el complejo escenario geopolítico latinoamericano, el papel de las nuevas generaciones y el valor incalculable de la cultura y la poesía como trincheras de resistencia. Una radiografía honesta, crítica y firme sobre el presente y el futuro de la Revolución.


En los años 2000 usted fue todo un símbolo de la efervescencia juvenil y de masas en Cuba, llegando a ostentar cargos importantes como el de presidente de la FEU o el de segundo secretario de la UJC. Con la perspectiva que dan los años, ¿cómo valora aquella etapa de su vida? ¿Qué queda hoy de aquel Hassan Pérez que lideraba multitudinarias tribunas abiertas y sobre el que tantas expectativas políticas se llegaron a generar en un momento determinado?

Queda el mismo compromiso, la misma pasión, el mismo deseo de contribuir con un granito de arena desde el pensamiento. Decía José Martí que “para rendir tributo ninguna voz es débil” y, por lo tanto, en el afán de un proyecto emancipador, como el nuestro, cada una de las trincheras tiene un valor incalculable: El amigo andaluz que envía un paracetamol a Cuba, el profesor que está en una escuela primaria, el entrenador deportivo, el instructor de arte, el intelectual, el joven, el académico experimentado, el obrero, el campesino…

Aquella fue una etapa muy intensa, la denominada “Batalla de las Ideas”, bajo la conducción del comandante en jefe, que tuvo como detonante el reclamo por el retorno del pequeño Elián González. Desde el 6 de diciembre de 1999 hasta su regreso, el 28 de junio de 2000, se efectuaron multitud de tribunas abiertas, de marchas del pueblo combatiente y surgieron además los denominados programas de la Revolución, que llegaron a ser más de 200.

Nos correspondió participar, como a cientos de miles de jóvenes, en nuestro caso con una responsabilidad estudiantil en la FEU y en la UJC, y la verdad es que fueron años imborrables, al tener el privilegio de estar junto al comandante, de verlo conducir ese proceso y de vivir la respuesta de nuestro pueblo y toda la manera en que se fusionaba lo mejor de nuestro arte -desde el punto de vista pictórico, cinematográfico, musical- y del resto de los sectores de la sociedad.

Podría decirse que lo que el país había sembrado el primero de enero de 1959 tuvo un punto de eclosión en aquella etapa de tanto fervor y de tanta intensidad, demostrando que teníamos la capacidad de pelear en el terreno de las ideas pero también en el de los sentimientos y los argumentos.

Este año estamos celebrando el centenario del nacimiento de Fidel Castro Ruz. Usted ha investigado mucho sobre la vida y la obra del líder histórico de la Revolución cubana, y recientemente ha publicado el libro ‘Desbrozando Caminos. Fidel y la Conquista del Tiempo’, en el que profundiza sobre las diferentes facetas del pensamiento estratégico del comandante. ¿Con qué tesis o claves principales se va a encontrar el lector que se sumerja en las páginas de este trabajo?

La idea central del libro es que Fidel está vivo, que sigue siendo una llama, un referente, una figura magnética con la capacidad de movilizar las mejores fibras de los seres humanos en cualquier latitud.

Decía el comandante que la frase martiana que más le había calado era la de que “toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz”. En ese sentido, nosotros hemos hecho este libro desde el compromiso, desde el rigor, pero también desde la humildad. Es apenas uno de los tantos homenajes que se le han efectuado en cientos de lugares de la geografía universal.

En concreto, hemos escogido 17 ensayos en los que tratamos de aproximarnos a Fidel desde la perspectiva investigativa. No es un libro testimonial, sino de análisis, de bibliografía y de notas al pie, donde intentamos hacer un examen sobre diferentes tópicos de un pensamiento que es inagotable.

«El Fidel vivo no es un decálogo, ni un algoritmo: es un método de análisis»

Hacemos, por ejemplo, un bosquejo sobre las relaciones internacionales, la crisis de Octubre o el sistema multilateral. Y, entre otros temas, abordamos también el papel de la cultura, que es uno de los grandes pilares en el desarrollo de nuestra experiencia socialista, así como el movimiento estudiantil o la unidad revolucionaria, tanto en Cuba como en el plano internacional.

En definitiva, son 385 páginas que ponemos en manos de las nuevas generaciones con el objetivo de que se acerquen al pensamiento de Fidel, hagan su propia relectura y, en un diálogo crítico, sigamos reinterpretando a una figura que es más necesaria que nunca.

El prólogo de este libro lo firma el concejal de Izquierda Unida en Sevilla, Ismael Sánchez Castillo, quien sostiene que “Fidel no es un museo, sino una escuela”, que no ofrece títulos ni diplomas, pero sí claves para interpretar y cambiar el mundo. ¿Cómo logramos que el legado del comandante sea, precisamente eso, una herramienta viva para transformar el presente y no un mero ejercicio de nostalgia?

En primer lugar, aprovecho para decir que el prólogo del compañero concejal, Ismael Sánchez, es un texto bellísimo y de una enorme profundidad, por lo que recomiendo su lectura en particular, ya que logró plasmar ideas de largo alcance. Ese prólogo es parte de los esfuerzos y de la convergencia de tantas voluntades para que este proyecto se hiciera realidad, como la del camarada y artista, Javier Parra, a quien agradezco también que nos haya donado su magnífica obra ‘El gigante’ para ilustrar la portada del libro.

Entrando ya al fondo de tu pregunta, te diré que el Fidel vivo no es un decálogo, ni un algoritmo, ni un videotutorial para que alguien aprenda, como si fuera una receta de cocina, sino que se trata de un método de análisis.

El mismo lo dejó muy claro en su concepto de “Revolución”, que es un análisis de las condiciones históricas concretas, es cambiar lo que deba ser cambiado, pero es también convicción profunda y tener principios y horizontes claros.

«El mejor homenaje que hoy se le puede hacer al comandante es ir directamente a la fuente de su pensamiento»

Por tanto, entendemos que el mejor homenaje que hoy se le puede hacer a Fidel es ir directamente a la fuente de su pensamiento, no para repetir de manera dogmática, no para declamar, no para decir un versículo, sino para motivarnos y para encontrar claves.

Hay que decir que el comandante se anticipó en muchas cuestiones, como la de la emergencia climática, y que dedicó su vida al estudio y a la vida de los seres humanos. Y lo hizo desde nuestras condiciones y con una comprensión solidaria.

Cabe recordar, al hilo de esto, aquella idea bellísima de que “ser solidario no es dar lo que sobra, es compartir lo que se tiene”. Prueba de ello fue, por ejemplo, que nuestras aulas se abrieran a más de 40.000 estudiantes de 120 países. Porque Fidel, al igual que Martí, creía en el mejoramiento humano, en la utilidad de la virtud y en las reservas inconmesurables del pueblo.

Más allá del análisis geopolítico e histórico, usted tuvo el privilegio de conocer en las distancias cortas al comandante y de recibir de primera mano sus orientaciones y consejos. ¿Qué rasgo humano o qué anécdota personal concreta destacaría de aquel Fidel con el que compartió tantos momentos en sus años de juventud?

Era un hombre de extraordinaria sensibilidad, un gigante de las ideas pero al mismo tiempo un ser humano cálido. Yo empecé a trabajar con el comandante a los 22 años y él para entonces ya había cumplido los 73. Yo era un muchacho frente a un gigante. Pero, a pesar de la diferencias de edad y experiencia que nos separaban, siempre sabía crear el clima propicio, no sólo conmigo sino con el resto de los compañeros, para que pudiéramos expresar nuestras opiniones con autenticidad y sin ningún tipo de limitación. Fidel tenía un talento innato para escudriñar el alma de las personas.

No suelo contar anécdotas personales, pero recuerdo con especial afecto una ocasión en la que regresábamos de cumplir una misión en la Organización de las Naciones Unidas en Nueva York. Durante el viaje sufrí una crisis de asma. Al aterrizar en La Habana, él estaba esperando a la delegación en el aeropuerto, ya que su intención era que fuéramos directamente a la Universidad a intercambiar experiencias con el pueblo. Como ya le habían informado sobre mi estado de salud, se mostró sumamente preocupado; no solo se aseguró de que tuviera los medicamentos necesarios, sino que dispuso una ambulancia en la misma pista. Me dijo que debía subirme a ella y que solo si los médicos daban su autorización, podría participar en la actividad.

«Fidel tenía la cualidad única de combinar la condición de gran estadista con una extrema sensibilidad»

Anécdotas como ésta ilustran el carácter del comandante y su cuidado por los detalles. Como señaló una vez Ignacio Ramonet, Fidel era un hombre con la cualidad única, o prácticamente inexistente, de combinar la condición de gran estadista, de extraordinario intelectual, de jefe guerrillero, con una extrema sensibilidad. Un ser humano que era capaz de organizar el despliegue de las tropas cubanas en Angola -sabía donde estaba el armamento, los médicos, etcétera-, garantizando al mismo tiempo que los combatientes tuvieran a mano chocolate o leche condensada. Se preocupaba por la persona de carne y hueso. ¿Y eso en qué se revirtió? Pues en que a nivel popular, no sólo para los que trabajábamos a su alrededor, una tarea de Fidel siempre se sintió como una tarea íntima.

Fidel era una caja de resonancia, un espíritu indescriptible. En resumen, hablamos de un hombre con seriedad, con rigor, enérgico, que cuando había que hacer una crítica o un señalamiento, lo hacía, pero que tenía esa capacidad de ponerte de inmediato la mano sobre el hombro para tranquilizarte y preguntarte por una nueva tarea; él siempre sabía estimular lo mejor de cada ser humano.

Demos un salto ahora a la actualidad. Se cumplen ya diez meses desde que el gobierno de Donald Trump impusiera un brutal cerco petrolero a la Isla, endureciendo un bloqueo económico, comercial y financiero ya de por sí criminal y genocida que dura más de seis décadas. La asfixia de EE.UU. no se detiene, sino que se incrementa cada semana con nuevas sanciones y medidas coercitivas. Pero, a pesar de todo, Cuba hoy milagrosamente sigue en pie. ¿Cómo es eso posible? ¿Hasta dónde puede llegar la capacidad de resistencia del pueblo cubano?

Soy de los que siempre dice que el bloqueo no es el único de nuestros problemas, pero es sin duda el principal problema que pende como espada de Damocles. Y, efectivamente, estamos ante un crimen de lesa humanidad. Cuba es hoy una Gaza silenciosa. No caen las bombas pero asistimos a una política demencial y medieval, que retrotrae las relaciones internacionales 200 años atrás.

En estos momentos hay 7.000 contenedores, que se habían contratado con compañías navieras, varados en puertos del Caribe como consecuencia de este cerco. Contenedores que no son sólo de entidades estatales, sino de proyectos empresariales privados, de mipymes o de la solidaridad, que tienen de todo, incluyendo medicamentos y alimentos, y que no pueden acceder a Cuba.

«Asistimos a una política demencial y medieval que retrotrae las relaciones internacionales 200 años atrás»

Han llegado a la conclusión de que tienen que asestar un golpe final mediante esa política de castigo colectivo, que no va dirigido contra la vanguardia partidista o la dirección de la Revolución, sino contra 9,5 millones de cubanos, entre los que se incluyen lógicamente niños, ancianos y personas vulnerables.

Ahí están los datos: 100.000 personas que necesitaban cirugías electivas y no pueden operarse, porque se han tenido que reservar los recursos para las intervenciones quirúrgicas de urgencia, incluyendo a 12.000 niños. También, como consecuencia de este cerco, ha disminuido la efectividad de los tratamientos contra el cáncer, bajando del 85% al 60%, y se ha incrementado la mortalidad infantil, pasando de una tasa que estaba en algo menos de cinco por cada mil nacidos vivos a más de nueve en la actualidad.

«100.000 personas que necesitaban cirugías electivas no pueden operarse en la actualidad; hemos tenido que priorizar los recursos»

Hay un imperialismo envalentonado, aplicando el uso de la fuerza y de la amenaza como un eslabón central de su política exterior. Es como si estuviéramos en la etapa del corso y la piratería pero de forma mucho más grave, porque hay todo un poderío nuclear detrás. Y, en medio de este crimen, se encuentra nuestro pueblo resistiendo este asedio brutal, soportando cortes de luz que a veces duran hasta más de 40 horas.

Cuando sufrimos apagones no descansa nadie: el maestro no se puede preparar para impartir las clases, los niños no pueden recuperarse para el día siguiente, el médico tiene que operar a oscuras, ayudándose a veces con pequeñas linternas o celulares… Una situación que, por otro lado, es prácticamente desconocida para la humanidad en pleno siglo XXI, salvo para los países que están en guerra. Pero nuestro pueblo dispone de un capital político acumulado y ahí es donde está el magisterio de Fidel y de todos sus continuadores, incluyendo la dirección actual.

Y ante esta coyuntura tan crítica y compleja, ¿qué papel juega hoy el movimiento de solidaridad internacional a la hora de romper el bloqueo y de enfrentar el aislamiento al que intentan someter a Cuba?

Un papel fundamental. Creo que en estos meses se han comprobado dos cosas: por un lado, la resistencia gubernamental y del pueblo, mostrando una enorme voluntad de no rendirnos y de defender nuestra soberanía. Y, por otro, el crecimiento extraordinario de la solidaridad mundial, que jamás le ha fallado a Cuba.

Pero también hay actores institucionales que debían actuar de una manera y no lo han hecho. Porque los barcos de petróleo a la Isla no los puede enviar la solidaridad.

«Hay actores institucionales que debían actuar de una manera y no lo han hecho»

No se ha retado esa posición hegemónica desde la perspectiva gubernamental de determinadas naciones y agrupaciones. La actual Administración norteamericana ha tenido la capacidad temporal y relativa de intimidar a instituciones, incluyendo la retirada de empresas europeas y españolas en Cuba, como Meliá, Iberostar o Barceló. Todas ellas se han visto obligadas a marcharse en virtud de la Orden Ejecutiva del primero de mayo, la cual planteaba un conjunto de sanciones complementarias que vinieron a sumarse a la Orden presidencial del 29 de enero para el cerco energético.

Entonces, nosotros seguimos resistiendo, pero muchas veces nos preguntamos: los que tienen que jugar su papel, ¿cuándo lo van a hacer?

Desde luego cuesta mucho entender que sólo un barco petrolero ruso haya podido llegar a la Isla en los últimos diez meses. La solidaridad de los pueblos es inquebrantable, pero cabe preguntarse si los países aliados de Cuba podrían hacer algo más en términos financieros y energéticos para aliviar el cerco.

Y no sólo los países aliados. Porque ya no es exclusivamente si se va ayudar a Cuba. Le han privado a las naciones del mundo su capacidad para decidir con quién establecer una operación comercial o financiera. No sólo se nos está aplicando una política criminal a nosotros. Es algo mucho más profundo y los que se queden con los brazos cruzados actúan como cómplices.

A este respecto, José Martí tenía una idea bellísima, en la que se expresaba que “Cuba no anda de pedigüeña por el mundo, anda de hermana y, al salvarse, salva. Quien se levanta hoy con Cuba se levanta para todos los tiempos”.

Lo que está en juego hoy, por tanto, es si el mundo va a virar 200 años atrás o si vamos a apostar por un orden multipolar, de paz, de respeto a las instituciones, y si vamos a frenar entre todos esa embestida que parece no tener fin.

El que no se ha quedado con los brazos cruzados, desde luego, ha sido el Gobierno cubano, al aprobar un ambicioso paquete de reformas económicas y sociales que, entre otras cosas, va destinado a captar inversión extranjera y a ampliar el espacio al sector privado en la Isla. ¿Cómo valora usted esta apuesta y hacia dónde cree que se dirige el país con la adopción de estas medidas?

Tú lo has resumido: no estamos con los brazos cruzados. Esperar las calendas griegas sería la inmolación o suicidarse. Y el país tiene el deber de salir adelante.

Hay un debate en Cuba de prestigiosos economistas acerca de si muchas de estas decisiones debieron haberse adoptado antes. Yo no voy a entrar ahí porque no soy especialista en esa materia. Pero sí diré que estamos tratando de avanzar. El comandante advertía muchas veces que cuando uno está en un cerco tiene que romperlo, incluso a riesgo de perder la pierna o una mano, pero lo primero es salvar la vida.

Dicho esto, las 176 medidas aprobadas ya cuentan con un correlato desde la perspectiva jurídica con 192 normas que se han estado implementando.

Creo que sí, que hay una oportunidad y que hemos de trabajar enormemente desde el control popular para que esas medidas, que son impostergables, no desvíen el rumbo de la Revolución, a la que hay que cuidar como la niña de nuestros ojos. Todo esto supone un desafío y un riesgo, pero caminante no hay camino, se hace camino al andar. Nosotros no vamos a caer, desde luego, en una filosofía predeterminista de que el juego terminó.

En este escenario geopolítico, profesor, es inevitable mirar a Venezuela. La agresión militar estadounidense del pasado 3 de enero, donde cayeron en combate 32 cubanos, seguida del secuestro del presidente, Nicolás Maduro, y su esposa, Cilia Flores, ha supuesto un durísimo golpe para Cuba, América Latina y el movimiento antimperialista a nivel internacional. ¿Cómo se ha vivido en la Isla este grave acontecimiento y qué enseñanzas colectivas se pueden extraer de lo sucedido?

La primera enseñanza es que tenemos que estar en condiciones de luchar hasta las últimas consecuencias para no perder nuestra soberanía e independencia. En Cuba no se trata de defender sólo un proyecto político, sino un proyecto de nación. Si fuésemos tragados, devorados, regresaríamos a la etapa colonial. Y nosotros no vamos a ser nunca más un estado vasallo; no vamos a ser súbditos de ninguna potencia extranjera.

Yo solamente te diré que el ejemplo imperecedero de nuestros 32 héroes mártires coloca en los más altos pedestales de la historia de América Latina los valores de nuestro pueblo y es además un anticipo de lo que está dispuesto a hacer. Nosotros no vamos a permitir virreyes en La Habana.

Desde Cuba sentimos una gran admiración por esos combatientes que han dado continuidad a la tradición internacionalista de nuestro país y que demuestran que en Cuba hay convicciones profundas, además de compromiso con su proyecto y con la nación.

«Nosotros no vamos a permitir virreyes en La Habana»

Del mismo modo, tampoco tenemos la más mínima duda de que también el pueblo venezolano, y esto lo digo sobre todo desde la perspectiva de historiador, sabrá estar a la altura de los retos futuros.

Como docente universitario, usted convive a diario con las nuevas generaciones de Cuba, que se encuentran muy marcadas hoy por la actual crisis económica y por un flujo migratorio sin precedentes. Con este panorama tan adverso, ¿cómo se logra enganchar a los jóvenes al proyecto de la Revolución?

Es un desafío permanente. Los jóvenes siempre se parecen más a su tiempo que a sus padres y en Cuba tenemos una juventud con muchas inquietudes; cada vez llegan más preparados y son más retadores con sus preguntas.

Con ellos no valen los encasillamientos ni posiciones maniqueas, porque así se rompe el diálogo de inmediato. Tampoco podemos perder de vista que son jóvenes que están marcados por las 35 o 40 horas de apagón, que lo tienen difícil para encontrar transporte, y que nuestra realidad es además policromática. Me viene a la mente aquella canción de Buena Fe, «Una Cuba, muchas Cubas» .

En mi opinión, habría que ser más auténticos y escuchar más a esa juventud. Pero no hay fórmulas: se trata de ponerle corazón. Yo llevo ya 20 años dando clases, he aprendido mucho de mis profesores, sigo aprendiendo de mis alumnos, y ahora también experimento ese desafío a diario con mi hijo, desde la perspectiva de padre.

«Si toda nuestra resistencia no fuera de verdad… el país hubiera colapsado ya hace siete u ocho meses»

Y hay que decir que ellos han contribuido decisivamente en esta etapa que nos está tocando vivir. Si toda nuestra resistencia no fuera de verdad, como calcularon los estrategas de los órganos de inteligencia del Consejo de Seguridad de EE.UU., el país hubiera colapsado ya hace siete u ocho meses. Pero no ha sido así gracias, en gran parte, a la juventud de este país. Tienen reservas, tienen deseos y se ha comprobado que también están en los proyectos comunitarios. Cuando se les llega a la fibra, se colocan en mi primera línea, como ha ocurrido siempre.

Para dialogar con ese futuro, la música y la poesía siempre han sido vitales en Cuba. Aprovechando que estos días Silvio Rodríguez anda de gira por España, me gustaría preguntarle qué significa hoy su figura para el país y cómo ayuda su obra a entender la dignidad, la coherencia y la capacidad de autocrítica dentro del propio proceso revolucionario.

Hemos estado desbordados de orgullo y de alegría con esta gira, que ha sido absolutamente espectacular, como todas las que hace este grandísimo trovador. Nos ha llenado de aliento ver la gran acogida de sus conciertos.

El caso de Silvio es un referente extraordinario, no sólo de la cultura cubana, sino de la nación en su conjunto. Hablamos de un artista coherente, orgánico, activo, crítico, que ha expresado en innumerables ocasiones opiniones sobre todo lo que ha considerado y que siempre ha ido con la verdad por delante.

«Que un hombre como Silvio Rodríguez abarrote los escenarios en España demuestra que la poesía y la esperanza están vivas»

Yo creo que hoy es más necesario que nunca reivindicar su figura. En un mundo de tanta banalidad, de tanto pensamiento chato, de tanta idiotez, de tanta promoción de libros de autoayuda, que un hombre como Silvio, con esa coherencia, abarrote los escenarios en España, demuestra que la poesía y la esperanza no solo no se han perdido, sino que están más vivas de lo que creemos, y que muchas veces tenemos que crear condiciones para que broten con esa belleza.

Pues con ese mensaje final nos quedamos. Muchísimas gracias, profesor, por aportarnos este análisis tan lúcido, honesto y, al mismo tiempo, cargado de memoria histórica y compromiso revolucionario. Ha sido un auténtico honor y un placer poder entrevistarle.

Para mí también atenderlos. Ustedes están en una primera línea. Respetamos y admiramos su trabajo y ojalá sigan así. Tenemos que debatir, polemizar y no claudicar, que es lo que ya hacen de manera cotidiana.

Desde Andalucía, seguiremos desbrozando caminos con Fidel, con Cuba y con su Revolución. ¡Hasta la victoria siempre!

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